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[ Copa América ] Pulpa de jugo: El recordado Puerto Ordazo

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Publicado hace 3 año;s

Chile había fracasado en las Eliminatorias Alemania 2006 e intentaba mejorar la imagen en una Copa América que se disputaría en Venezuela y que terminaría siendo un mal rato.

La selección dirigida por Nelson Acosta viajaba al norte del país llanero, donde concentraría para enfrentar un grupo que en el papel se mostraba bastante complicado. Es que como es costumbre, la selección local había “sorteado” un grupo bastante accesible, dejando para el resto partidos bastante complicados.

Es así como Venezuela enfrentaba a Perú, Bolivia y Uruguay, mientras que Chile hacía lo mismo ante Brasil, México y Ecuador. Pero, al menos, confianza había. “Don Nelson” había llegado a la Roja dos años antes y no había podido mejorar los problemas con los que se encontró antes del mundial alemán.

Pero esta vez, se esperaba que jugadores como Jorge Valdivia, Matías Fernández y Humberto Suazo pudieran cambiar un destino que tenía a Chile lejos de una gloria desde los Juegos Olímpicos de Sidney 2000.

El debut

Chile tuvo como primera barrera a los ecuatorianos. El cuadro de Nelson Bonifacio alineaba esa tarde con Claudio Bravo al arco; Jorge Vargas, Pablo Contreras, Álvaro Ormeño, Mark González atrás; Arturo Sanhueza, Rodrigo Meléndez, Jorge Valdivia, Matías Fernández al medio; Humberto Suazo y Reinaldo Navia adelante.

El partido sería bastante complejo. Chile batallaría bastante para dar vuelta un resultado que durante la gran mayoría del partido le fue adverso. Con un partidazo de “Chupete” (quien marcó un doblete) y un gol a cuatro del final de Carlos Villanueva Chile terminaría ganando por 3-2.

Apenitas en la siguiente ronda

Si bien se sabía que Ecuador sería un partido complicado, no podía compararse con lo que sería el cuadro brasileño. La verdeamarela no pierde dos partidos seguidos y en su estreno había caído ante México por 2-0 (23′ Nery Catillo y 28′ Ramón Morales).

Es por eso que se temía lo peor para el duelo con Chile en Maturín. Los dirigidos por Acosta iban a la cancha con Claudio Bravo en portería; Miguel Riffo, Ismael Fuentes, Álvaro Ormeño, Gonzalo Jara en retaguardia; Rodrigo Meléndez, Arturo Sanhueza, Jorge Valdivia en el mediocampo; Mark González y Humberto Suazo adelante.

¿Quién se robó el partido? Robinho (mal chiste). El jugador brasileño marcó los tres goles con los que Chile quedaba en la punta del bototo de la competencia sudamericana.

El partido siguiente era ante México, que había ganado sus dos primeros encuentros y Chile iba con la fe en al menos sacar un empate que le permitiese optar al tercer lugar del grupo y, por ende, tener opciones de pasar de rond (pasaban los dos mejores terceros entre tres grupos).

El partido ante los mexicanos presentó algunas diferencias. Nunca el “Pelao” pudo dar con la pareja perfecta para Humberto Suazo, por lo que optó en aquella ocasión por Juan Gonzalo Lorca, mientras que el “Colocho” Iturra marcaba la novedad al medio.

Así Chile saltaba a la cancha con Claudio Bravo con los guantes; Ismael Fuentes, Sebastián Roco, Gonzalo Fierro en defensa; Rodrigo Tello, Arturo Sanhueza, Manuel Iturra, Carlos Villanueva en el medio; Juan Gonzalo Lorga y Humberto Suazo adelante.

El encuentro terminaría sin goles, pero con un primer dominio claro de la Roja, que se daba por clasificada, luego de que en el grupo C, Colombia y Estados Unidos definieran el tercer puesto sin puntos.

¡Cueck!

Tras el partido ante los cuates, un ambiente raro dominaba a la selección. Pese a saber que no se trataba de un buen cometido, los seleccionados estaban con un aire triunfalista y celebraban el paso a la siguiente ronda.

El viaje de vuelta a la concentración en Puerto Ordaz se hizo con bombos y platillos. Chile ya había superado la paupérrima impresión dejada en Perú el año anterior, cuando cayeron en un horrible partido ante Costa Rica.

Una vez llegados a su lugar de estadía (el Hotel Mara Inn) y sin tener permiso, un grupo de seleccionados habría salido a celebrar fuera de las murallas del recinto de concentración. Hasta ahí, no había nombres, no estaban identificados y tampoco se suponía algo tan malo.

Pasó que los futbolistas llegarían en la madrugada y, aunque esta es una parte que se niega en la versión de los jugadores, habrían vaciado el frigo bar del hotel.

Jorge Valdivia, Jorge Vargas, Pablo Contreras, Reinaldo Navia, Rodrigo Tello y Álvaro Ormeño habrían sido los que le pusieron más de la cuenta y que habrían llevado a cabo uno de los bochornos más recientes en la historia de nuestra selección.

El jugo

La versión narrada por la prensa es la siguiente:

A las siete de la mañana, y cuando todavía no había servicio de desayuno, los seis jugadores carreteros habrían llegado a pedir que se les diera algo de comer. La persona que estaba atendiendo en ese momento, una camarera de la que se reservó el nombre, se negó a atenderlos, ante lo cual los futbolistas reaccionaron de mala manera.

“Le faltaron el respeto a la señora de la cocina y a la de la limpieza con palabras muy groseras. Le preguntaban si había tenido sexo oral. Después a la camarera la invitaron a la habitación, fue un poco fuerte”, dijo entonces una testigo que dio declaraciones a Canal 13 y en las cuales optó por ocultar su rostro y su nombre. “Las sillas la rompieron con un cuchillo y no entiendo esa actitud”, añadió.

Luego, cuando al fin los chilenos obtuvieron su desayuno, el jugo siguió. Ahí los jugadores habrían seguido lanzándose jamones por la cabeza, además de esparcirse mermelada en la cara. Un cuadro plástico que, como puede ver, habría dejado muy mal parado a nuestro país.

“Nunca se había visto eso en el desayuno. Ellos se habían comportando normal, y nosotros estábamos muy contentos con su visita, pero ese día su actitud fue totalmente deplorable, porque se comportaron pésimo” aseguró la misma fuente citada anteriormente, que resultó mediáticamente muy fuerte para la decisión que tomaría luego la ANFP.

Pucha que sirvió el carrete, ¿ah?

Tratando de olvidar lo vergonzosamente acontecido en el hotel de concentración, Chile partió a Puerto La Cruz para enfrentar a la durísima selección de Brasil. Sin castigos aún por lo acontecido (que no se había destapado del todo hasta ese entonces), los seleccionados alinearon con Claudio Bravo en portería; Álvaro Ormeño, Ismael Fuentes, Gonzalo Jara, Mark González poniendo el aguante atrás; Gonzalo Fierro, Arturo Sanhueza y Manuel Iturra en la mitad; Juan Gonzalo Lorca y Humberto Suazo adelante.

El partido es mejor olvidarlo. Los seis goles que nos propinaron esa tarde, sólo pudieron verse un poco menos mal gracias a un fantástico gol de Humberto Suazo. La humillación vendría con el destape total de la historia del posteriormente llamado “Puerto Ordazo”.

Las repercusiones

Tras conocerse la amplitud del escándalo, se decidió castigar a los jugadores con 10 partidos fuera de la selección. De todas maneras, los jugadores sancionados cobrearon los premios conseguidos por avanzar en Copa América y negaron durante un tiempo la magnitud de lo ocurrido.

Reinaldo Navia fue el primero en hablar. El “Choro” dijo que no estaban borrachos aquella mañana en tierras venezolanas y que todo fue una humorada desubicada de Jorge Valdivia. “Él (Valdivia) bajó al desayuno un poco pasado, hizo el desorden, pero con la comida. No hubo insultos ni nada”, aseguró el ex Santiago Wanderers, que le hechó con todo la culpa al “Mago”.

“Valdivia tuvo la culpa, pero el desorden fue entre nosotros no más y la prensa exageró todo”, cerró en aquella oportunidad el “Choro” limpiándose las manos por lo ocurrido.

Valdivia tardaría un poco más en hablar. “Fue uno de los peores momentos de mi vida”, aseguraría más tarde el futbolista nacido en tierras venezolanas. “No hubo nada grave, pero se dijo que habíamos bailado sin rop, qie habíamos agredido a mujeres… y no fue así”, cerró el tema el “Mago” que con el tiempo ha ido perdiendo la credibilidad.

El período de Marcelo Bielsa permitiría el retorno de los seleccionados expulsados. Algunos no volverían a vestir nunca más la camiseta de la selección. Otros, como Valdivia siguen generando polémica, pero tienen su tiempo de redención en la cancha.

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